viernes, 23 de noviembre de 2007

El infierno son los otros


“Quien se limita existe” V.Aleixandre


Parece que el ser humano siempre se ha empeñado en situar el infierno en algún lugar, durante siglos estuvo bajo nuestros pies, pero si J.P. Sartre lo sitúa en los otros será por algo. Desde pequeñito al niño se le enseña que todo lo malo viene de fuera: no aceptes caramelos de extraños, cuidado con los desconocidos, mamá y papá son los buenos, etc. En todas las culturas existe un hombre del saco, la diferencia estriba en ¿quién es ese hombre¿ y ¿qué debe llevar en ese saco?.
Así, en muchos casos, se ha enseñado de manera consciente o inconsciente a temer al otro. Y si lo temo, lo quiero destruir. El cine, sobretodo americano, ha participado en exceso de esta creencia. Por eso el conflicto siempre surge con el que tengo al lado, con el que debo compartir ese límite que nos separa. No sólo lo puedo temer, sino también en algún momento sentiré celos o envidia, que son estructurales y no se pueden evitar.
En las actividades de tiempo de libre, los límites interpersonales se vuelven sumamente difusos: convivir en una tienda, comer codo con codo, caminar y explorar rincones oscuros en una noche de verano, cambiarse de ropa o bañarse juntos en muchos casos... Todas estas actividades provocan que vea a los otros más humanos, entro en contacto con otros sujetos de mi edad que parecían desconocidos, pero resulta que también pueden ser bondadosos, qué grata sorpresa!!
Por tanto, los educadores de tiempo libre, insertados como uno más en ese universo de relaciones sociales, deben hacer comprender al niño que en él conviven amor y odio. El ser humano, el mismo repetido en cada uno, es capaz de crear la mayor maravilla del mundo, así como la mayor atrocidad. Siguiendo a Platón, el cual pensaba que el hombre bueno es aquel que sólo imagina lo que el perverso lleva a la realidad, o a la inversa que el perverso lleva al acto, lo que el virtuoso sólo imagina. Sin que este argumento sirva para justificar cualquier tipo de violencia, los educadores debemos poner límites a nuestros jóvenes y niños para que existan. Enseñándoles a soportar la existencia de los otros, de la envidia y de los celos, para que al tiempo logren amarse a sí mismos y a los demás.


Octubre 2006

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