
Hay ciertas paradojas que se dan diariamente y no llegarán nunca a ser grandes titulares. Sin duda vivimos en una sociedad altamente competitiva y nuestros niños y jóvenes padecen de ello. Para obtener una buen trabajo deben estudiar una media de 15 años, dar codazos para pasar una selección, hablar tres idiomas y amar a su trabajo sobre todas las cosas. El mundo laboral exige todo lo anterior, pero por otro lado, ¿qué valora la ideología de la calle?.
Tenemos la imagen de empollón asociada a un tipo con gafas, buen estudiante, tímido, patoso, poco agraciado, malo en los deportes, con pocos amigos, pocas aventuras amorosas y enganchado a alguna freakada: Internet, Juegos de Rol, etc.
Ahora tenemos la imagen del que mola asociada a un mal estudiante, de complexión más bien atlética, simpático y enrollao, con varias novias y bien conectado al mundo que le rodea: discotecas, deportes, etc.
Parece que el interesarse por el conocimiento (que tanto valor le otorga el mundo laboral) es inversamente proporcional a llevar una vida social sana, llena de aventuras y pasiones. Es cómo si aquel que se da cuenta que disfruta aprendiendo, tuviera que ser un inepto social.
No dudarán conmigo en convenir que estas asociaciones de ideas son convenciones, es decir que podrían ser de otra manera.
El espacio de tiempo libre posee la magia de poder romper estas asociaciones. El empollón del cole puede mostrarse como un experto atleta tirando piedras al río y un arrasador rompecorazones. Aquella chica calificada cómo freaky por apasionarse por la guitarra, resulta que en el campamento se convierte en la estrella de los ratos libres y el resto de compañeros se la miran con una mezcla de envidia y deseo.
Así es interesante poner en solfa estas frases con nuestros jóvenes: saca muy buenas notas...seguro que es porque no tiene amigas y no sale los fines de semana o ha suspendido cinco y fuma en los lavabos, pero el sábado es el rey de la pista, qué bien se lo pasa el tío!!. Hay que animar a pensar que en el ser humano conviven todas las posibilidades, es decir un joven puede estar muy interesado por el mundo y la ciencia y además tener unos círculos sociales y una vida amorosa espléndida. Desgraciadamente también encontraremos aquel o aquella que suspendió todas las asignaturas, no destaca en nada y parece rociado con repelente hacia las relaciones amorosas. Por tanto, en el tiempo libre debemos dejar que esa persona se produzca como alguien diferente, una nueva producción que dificilmente surgirá en el ámbito de la educación formal dónde se supone que todos/as se tienen que comportar acorde las expectivas de los otros: padres, profesores y el grupo de amigos.
Tenemos la imagen de empollón asociada a un tipo con gafas, buen estudiante, tímido, patoso, poco agraciado, malo en los deportes, con pocos amigos, pocas aventuras amorosas y enganchado a alguna freakada: Internet, Juegos de Rol, etc.
Ahora tenemos la imagen del que mola asociada a un mal estudiante, de complexión más bien atlética, simpático y enrollao, con varias novias y bien conectado al mundo que le rodea: discotecas, deportes, etc.
Parece que el interesarse por el conocimiento (que tanto valor le otorga el mundo laboral) es inversamente proporcional a llevar una vida social sana, llena de aventuras y pasiones. Es cómo si aquel que se da cuenta que disfruta aprendiendo, tuviera que ser un inepto social.
No dudarán conmigo en convenir que estas asociaciones de ideas son convenciones, es decir que podrían ser de otra manera.
El espacio de tiempo libre posee la magia de poder romper estas asociaciones. El empollón del cole puede mostrarse como un experto atleta tirando piedras al río y un arrasador rompecorazones. Aquella chica calificada cómo freaky por apasionarse por la guitarra, resulta que en el campamento se convierte en la estrella de los ratos libres y el resto de compañeros se la miran con una mezcla de envidia y deseo.
Así es interesante poner en solfa estas frases con nuestros jóvenes: saca muy buenas notas...seguro que es porque no tiene amigas y no sale los fines de semana o ha suspendido cinco y fuma en los lavabos, pero el sábado es el rey de la pista, qué bien se lo pasa el tío!!. Hay que animar a pensar que en el ser humano conviven todas las posibilidades, es decir un joven puede estar muy interesado por el mundo y la ciencia y además tener unos círculos sociales y una vida amorosa espléndida. Desgraciadamente también encontraremos aquel o aquella que suspendió todas las asignaturas, no destaca en nada y parece rociado con repelente hacia las relaciones amorosas. Por tanto, en el tiempo libre debemos dejar que esa persona se produzca como alguien diferente, una nueva producción que dificilmente surgirá en el ámbito de la educación formal dónde se supone que todos/as se tienen que comportar acorde las expectivas de los otros: padres, profesores y el grupo de amigos.
Nov 2006
Artículo publicado en revista Monitor Educador

No hay comentarios:
Publicar un comentario