lunes, 29 de diciembre de 2008

Balas y cápsulas bicolores


En estos días estivales donde el calor parece que nos ahogue el alma, me encuentro pensando en como los muros físicos de algunos psiquiátricos acabaron mutando en camisas de fuerza químicas. Los espectaculares avances de la psicofarmacología moderna permitieron romper las paredes de las grandes instituciones psiquiátricas de los años 50, tan bien dibujadas en novelas como Los renglones torcidos de Dios de Torcuato Luca de Tena o Concierto para instrumentos desafinados de Vallejo-Nágera. Esta inserción de los mal llamados enfermos mentales en la sociedad es, sin duda, un signo de mejora al permitir salir a estos sujetos de los micromundos que habitaban. Ahora, esta migración no fue gratuita, para que estos seres no resultaran peligrosos para la sociedad se les administran fármacos milagrosos que permiten acallar los delirios e inhibir los poco frecuentes brotes agresivos.  Poco a poco esta práctica dispensatoria ha ido popularizándose hasta el punto de que los antidepresivos y ansiolíticos han pasado a formar parte de un objeto más de consumo. Un fenómeno como dice J.Subirats de consumismo adictivo. La díada consumo y adicción se convierten, hoy más que nunca, en una pareja inseparable de nefastas consecuencias para el sujeto, pero de pingües beneficios para las compañías.
 
De muros externos al sujeto que separan, aislan y trazan una frontera clara entre el "estar dentro y estar fuera", a muros internos que muchas veces aislan frases que de ser formuladas cambiarían la vida de esos sujetos. La muralla que separa un psiquiátrico del exterior es un elemento externo que se puede sortear, algunos la saltan, otros excavan túneles por debajo, otros deciden adaptar su conducta a las pautas de los sistemas motivacionales del centro y así conseguir permisos, etc. Mas, ¿cómo burlar una muralla química que se haya en mi interior y de la que no conozco ni el lugar ni las dimensiones?.
 
Esto no implica que el uso de psicofármacos no pueda ser usado cuando convenga, algunos pacientes aquejados de tanta ansiedad que no pueden siquiera pronunciar una palabra, seguro que se benefician de la propuesta farmacológica. Aquellos que no logran levantarse de la cama por una melancolía de caballo, los antidepresivos le pueden dar fuerzas para alcanzar la consulta de un analista. Pero debe ser precisamente esa la función: permitir la palabra. No taponar el síntoma como si de un error del sistema se tratara.
 
Algún viejo profesor de historia me explicaba que las guerras son el mayor negocio para muchos, yo pensaba que debía ser cierto por el número de balas que se consumen. Ahora creo que junto a las balas se unieron las cápsulas bicolores, las primeras roban la vida y las segundas, con la fantasía de aliviar el sufrimiento, hipotecan el camino del saber.
 
L'Hospitalet de Llobregat, 5 de agosto de 2008
 
 

jueves, 27 de marzo de 2008

Lecturas prohibidas

Buscar en los libros una metáfora de la felicidad es un deseo que pueden transmitir los adultos a los más pequeños. Actualmente muchos padres se quejan de las pocas ganas de estudiar que tienen sus hijos, parece que perdieron el hambre de conocimiento al estar sobrealimentados de otros placeres más inmediatos. En América, llaman a los libros recomendados en el colegio besos de la muerte, ya que se supone que ahogan toda chispa de excitación que puede producir traspasar el índice de un manual o novela. El que un ser humano experimente placer con una acción que escapa, en muchos casos, al ocio consumible recetado por la sociedad, parece que es considerado tabú para nuestros niños y jóvenes. Desde la escuela leer es un deber, y como todo deber impuesto, levanta resistencias en los sujetos. Pero antes que la escuela, el niño ha desarrollado su deseo de saber intentado comprender de donde sale su pis y su caca y de dónde vienen los niños. Así este deseo de saber se debe ir encauzando pacientemente. El niño desea, en muchos casos, lo que desean sus seres allegados ¿Pues no habéis pensado nunca en expandir la ardiente mirada que se desprende al leer un poema, un cuento o un relato? El adulto cuando detiene su mirada sobre un objeto de deseo, en este caso material escrito, tiene la magia de dirigir la mirada del niño sobre eso. Siempre deseamos lo que al otro le parece provocar placer, sin saber si nosotros también gozaremos de eso, además dicho proceso aparece de manera automática.
No es raro encontrar padres cuya conversación habitual en la mesa es quejarse de sus respectivos trabajos, como si fueran sus focos principales de displacer, y en cambio anhelan fervientemente las vacaciones, el fin de semana, dormir o tenderse en el sofá frente al televisor, como fuentes únicas de placer y diversión. Ahí es donde ese pequeño que se cree que no escucha, percibe de alguna manera que la energía dedicada a transformar el mundo debe ser mínima y lo mejor es invertir todo el tiempo que se pueda en procurarse actividades para su ocio personal. El deseo de saber de dónde vienen los niños se debe transformar en deseo de conocimiento por el mundo. Esto exige un cierto trabajo, no exento de placer, que si es ahogado por los propios padres, que aún sin saberlo, condenan a sus hijos a un desinterés generalizado por el mundo que les rodea, el cual les deberá sostener cuando crezcan. Es ahí donde aparece la caída de deseo y como síntoma el fracaso escolar.
Por suerte, siguen habiendo maestros que pueden volver a encender la llama del deseo en sus alumnos, maestros los cuales siguen deseando fervientemente conocer y que tienen la capacidad de transmitir esa energía y ejercer cierta autoridad. Palabra autoridad que procede etimológicamente de un vocablo latín que significa “hacer crecer”.
Como conclusión, si es que se puede concluir algo de este gran síntoma de principios del nuevo milenio, es que los padres que acuden a consulta porque sus hijos “no quieren estudiar” se deberían preguntar cuál es el deseo que a ellos les fue ahogado, y que ahora les devuelven sus hijos.
Barcelona a 15 de abril de 2006

domingo, 30 de diciembre de 2007

La salut es produeix


Cada vegada més no pot deixar de sorprendre’ns la gran quantitat de temps, energia i diners que es dediquen a tenir cura del cos. Centres de fitness, dietes, productes miraculosos, aliments màgics i esforços considerables convergeixen en l’intent d’esculpir un pretès benestar i una benaurada “felicitat”.

Depressions, angoixa, obsessions, fòbies, insomni, trastorns sexuals, anorèxies, bulímies, atempten la nostra salut psíquica. Tampoc podem oblidar-nos de les dificultats del nostre entorn quotidià: relacions de parella, família, els nostres fills, les nostres amistats, l’entorn laboral. Tot un seguit de preocupacions de la nostra vida diària que ens replantegen constantment el nostre paper. Així, si tenim tanta consciència de la necessitat de tenir cura del nostre cos, de la “màquina”, ¿ a on portem les nostres pors, angoixes, dificultats o desitjos?. ¿Com cuidem de la nostra ment, que en definitiva és la que determina els processos del cos?


Quan una persona se sent afligida per algun malestar, sigui aquest físic o psíquic, és normal que es dirigeixi a un professional de la salut. El que consulta parla sobre el seu malestar, les seves preocupacions, angoixes i desplega els seus símptomes, que li fan companyia i el torturen. El pacient sap que alguna cosa no va bé i no sap a què es deu i si creu saber a què és degut no arriba resoldre-ho, és a dir, no sap, només coneix.

Només coneixent i descrivint, podem assolir un alleugeriment passatger, però el temps ens condemnarà a la repetició del símptoma més tard o més d’hora. Això ens pot portar a una cronificació resignada del patiment, on el subjecte pensa que això es part de la seva vida, i com a tal no es pot transformar. Sempre és més fàcil queixar-se que deixar-se transformar.


Un procés psicoanalític desvetlla el “per a què” del símptoma i permet que el subjecte adopti una altra posició davant la seva dolència, la pregunta que no s’ha pogut formular i les respostes que mai s’hauria pogut imaginar. Interpretar la dimensió inconscient del pacient permet ubicar la repetició simptomàtica dins la vida de qui consulta, d’aquesta manera produïm una nova salut, una salut que mai es va tenir. Tal i com afirma Emilio González, psicoanalista, a La vida cotidiana al diván “la malaltia es produeix, la salut també”.

No sempre és fàcil fer-se càrrec de la responsabilitat, no culpa, que tenim en la producció de les nostres malalties. Avui en dia, més del 70% de malalties que s’atenen als centres d’atenció primària tenen un component psíquic que les determina. Els tractaments farmacològics ajuden a endolcir el patiment dels moments de crisi, però no transformen la manera de pensar del consumidor. És aquí on urgeix la intervenció del professional, que mitjançant la seva escolta, pugui intervenir oportunament i produir un desenllaç diferent a la crisi a la que el pacient és sotmès.

Tots estem sotmesos a moments de crisi, situacions en les que ens trobem desbordats i sense poder donar respostes. Fins i tot en molts casos no sabem ni tant sols la pregunta que està en joc. En aquests moments, si trobem un espai a on poder pensar allò que ens està passant, això necessàriament ens farà créixer. Sempre acceptant que mai es pot créixer en el temps desitjat.

També podem creure que “el temps tot ho cura”, però d’aquesta manera ens perdem la oportunitat de prendre les regnes de la nostra vida i acceptar que hi ha un desig que s’expressa a través de nosaltres i que és molt més fort del que podem pensar. El temps no cicatritza les ferides, sinó que va deixant forats més profunds que poden caure en l’oblit.

Per últim, també podríem pensar que la família, els amics o la parella ja són suficients per ajudar-nos a afrontar les nostres problemàtiques. No cal pagar ningú perquè m’escolti.

Les xarxes socials en les que estem immersos tenen la seva funció imprescindible pel nostre desenvolupament, però com a dispositius socials, no tenen la capacitat de satisfer totes les necessitats dels seus membres. En la majoria de casos, les problemàtiques del subjecte són fruit d’aquestes relacions: amb la família, amb els amics, la parella,etc. Per tant, ¿com em pot curar el que precisament m’ha emmalaltit?

Per últim, hauríem d’afegir que no cal estar malalt per psicoanalitzar-se. La psicoanàlisi és una eina que ajuda a pensar i a estructurar el pensament d’acord amb el desig de cada subjecte, perquè aquest pugui gaudir d’una vida més plena, saludable i més pròpia.


Article publicat a "Les Flors de Gràcia"
Agost 2007




viernes, 23 de noviembre de 2007

El infierno son los otros


“Quien se limita existe” V.Aleixandre


Parece que el ser humano siempre se ha empeñado en situar el infierno en algún lugar, durante siglos estuvo bajo nuestros pies, pero si J.P. Sartre lo sitúa en los otros será por algo. Desde pequeñito al niño se le enseña que todo lo malo viene de fuera: no aceptes caramelos de extraños, cuidado con los desconocidos, mamá y papá son los buenos, etc. En todas las culturas existe un hombre del saco, la diferencia estriba en ¿quién es ese hombre¿ y ¿qué debe llevar en ese saco?.
Así, en muchos casos, se ha enseñado de manera consciente o inconsciente a temer al otro. Y si lo temo, lo quiero destruir. El cine, sobretodo americano, ha participado en exceso de esta creencia. Por eso el conflicto siempre surge con el que tengo al lado, con el que debo compartir ese límite que nos separa. No sólo lo puedo temer, sino también en algún momento sentiré celos o envidia, que son estructurales y no se pueden evitar.
En las actividades de tiempo de libre, los límites interpersonales se vuelven sumamente difusos: convivir en una tienda, comer codo con codo, caminar y explorar rincones oscuros en una noche de verano, cambiarse de ropa o bañarse juntos en muchos casos... Todas estas actividades provocan que vea a los otros más humanos, entro en contacto con otros sujetos de mi edad que parecían desconocidos, pero resulta que también pueden ser bondadosos, qué grata sorpresa!!
Por tanto, los educadores de tiempo libre, insertados como uno más en ese universo de relaciones sociales, deben hacer comprender al niño que en él conviven amor y odio. El ser humano, el mismo repetido en cada uno, es capaz de crear la mayor maravilla del mundo, así como la mayor atrocidad. Siguiendo a Platón, el cual pensaba que el hombre bueno es aquel que sólo imagina lo que el perverso lleva a la realidad, o a la inversa que el perverso lleva al acto, lo que el virtuoso sólo imagina. Sin que este argumento sirva para justificar cualquier tipo de violencia, los educadores debemos poner límites a nuestros jóvenes y niños para que existan. Enseñándoles a soportar la existencia de los otros, de la envidia y de los celos, para que al tiempo logren amarse a sí mismos y a los demás.


Octubre 2006

El gajo de la naranja


“Amor es, en consecuencia, el nombre para el deseo y persecución de esa integridad” Platón


¿Quién no se ha creído alguna vez hijo del mito de Aristófanes1 y fiel buscador de su media naranja en el mundo? Es normal conducirse por la vida como un alma en el purgatorio cuya única meta es buscar a aquel otro u otra que le complete. Y aún llevando una feliz y dichosa relación de pareja, aparece la pregunta incombustible de ¿y si él o ella no fueran realmente mi media naranja? ¿y si alguien hubiera colocado en el mundo a mi alma gemela y yo estuviera perdiendo el tiempo con este hombre o mujer, en el mejor de los casos?.
La realidad cotidiana nos devuelve continuamente la idea de que la media naranja parece no existir, pero algo en el sujeto se resiste a creerlo: esta relación no funcionó, porque en verdad no era mi hombre o mujer... Qué vanidoso es el ser humano que cree que le “toca” la posesión de otro ser.
Lamento comunicarles, queridos lectores, que creer en la media naranja pertenece al mundo de lo mítico. ¿Creen que la Tierra es el centro del Universo?, ¿creen que si empezamos a cavar en el jardín de nuestra casa llegaremos a las puertas del Infierno? ¿ creen que descendemos de Adán y Eva?. Si tuvieran respuestas afirmativas a estas preguntas, no les animaría a seguir leyendo, pero si tienen respuestas opuestas, ¿por qué creer en la media naranja?.
El sentimiento de carencia en el ser humano es estructural y fundante de su psiquismo, sentirse castrado de algo que se desconoce es normal y tiene varias maneras de ser resuelto. Una sería la anterior que hemos propuesto: buscar la otra mitad y creer que ese otro u otra me completará. Luego la realidad, así como el complejo de castración, demuestran que nada es todo.
De la búsqueda de completud no se puede escapar, pero como sé que resulta muy duro desterrar un mito tan arraigado como el de Aristófanes, les propongo que se contenten gajos de la naranja, una naranja que nunca estará completa, entre otras razones porque nunca podrán volver a los brazos de su mamá donde allí sí que sentían que lo tenían TODO.
Concebir al Otro como gajo implica por un lado, un acercamiento al mundo de los humanos, un mundo dónde no hay gajos imprescindibles, sino sustituibles. Y por otro lado, aceptar que yo también soy un gajo para el otro u otra. Algo parcial para su vida, que en ningún caso será esférica ni cíclica, sino fragmentada y guiada por la trayectoria de su deseo.

Mayo 2006
1 “El Banquete” de Platón

Empollones en peligro de extinción...


Hay ciertas paradojas que se dan diariamente y no llegarán nunca a ser grandes titulares. Sin duda vivimos en una sociedad altamente competitiva y nuestros niños y jóvenes padecen de ello. Para obtener una buen trabajo deben estudiar una media de 15 años, dar codazos para pasar una selección, hablar tres idiomas y amar a su trabajo sobre todas las cosas. El mundo laboral exige todo lo anterior, pero por otro lado, ¿qué valora la ideología de la calle?.
Tenemos la imagen de empollón asociada a un tipo con gafas, buen estudiante, tímido, patoso, poco agraciado, malo en los deportes, con pocos amigos, pocas aventuras amorosas y enganchado a alguna freakada: Internet, Juegos de Rol, etc.
Ahora tenemos la imagen del que mola asociada a un mal estudiante, de complexión más bien atlética, simpático y enrollao, con varias novias y bien conectado al mundo que le rodea: discotecas, deportes, etc.
Parece que el interesarse por el conocimiento (que tanto valor le otorga el mundo laboral) es inversamente proporcional a llevar una vida social sana, llena de aventuras y pasiones. Es cómo si aquel que se da cuenta que disfruta aprendiendo, tuviera que ser un inepto social.
No dudarán conmigo en convenir que estas asociaciones de ideas son convenciones, es decir que podrían ser de otra manera.
El espacio de tiempo libre posee la magia de poder romper estas asociaciones. El empollón del cole puede mostrarse como un experto atleta tirando piedras al río y un arrasador rompecorazones. Aquella chica calificada cómo freaky por apasionarse por la guitarra, resulta que en el campamento se convierte en la estrella de los ratos libres y el resto de compañeros se la miran con una mezcla de envidia y deseo.
Así es interesante poner en solfa estas frases con nuestros jóvenes: saca muy buenas notas...seguro que es porque no tiene amigas y no sale los fines de semana o ha suspendido cinco y fuma en los lavabos, pero el sábado es el rey de la pista, qué bien se lo pasa el tío!!. Hay que animar a pensar que en el ser humano conviven todas las posibilidades, es decir un joven puede estar muy interesado por el mundo y la ciencia y además tener unos círculos sociales y una vida amorosa espléndida. Desgraciadamente también encontraremos aquel o aquella que suspendió todas las asignaturas, no destaca en nada y parece rociado con repelente hacia las relaciones amorosas. Por tanto, en el tiempo libre debemos dejar que esa persona se produzca como alguien diferente, una nueva producción que dificilmente surgirá en el ámbito de la educación formal dónde se supone que todos/as se tienen que comportar acorde las expectivas de los otros: padres, profesores y el grupo de amigos.

Nov 2006


Artículo publicado en revista Monitor Educador

Malalties del desig




Mai cap animal, a excepció de l’ésser humà, serà atès a un centre sanitari per patir un trastorn en la ingesta d’aliments. Això ens hauria de fer pensar què ens diferencia de la resta dels animals, i no és altra cosa que la teranyina del llenguatge en la qual estem immersos. El llenguatge ens fa humans, però a la vegada també fa que ens emmalaltim per no poder suportar les nostres pròpies frases.

A l'individu en creixement, l'allunyament de l'autoritat parental és una de les operacions més necessàries, però també més doloroses, del desenvolupament. (Freud, 1909).

Amb aquestes paraules de Freud, m'agradaria començar una breu reflexió sobre dos dels símptomes culturals de la nostra època: anorèxia i bulímia. És curiós assabentar-se de que la paraula anorèxia en grec té significats com: assolir, tendir a, oferir, tocar o prendre. En cap cas té una accepció propera a l'alimentació. Així hem d'anar a investigar el món que envolta els i les joves (què és a on majoritàriament trobem aquests trastorns) per intentar comprendre l'aparició d'aquests trastorns que tant sofriment (o benefici) provoquen en qui ho pateixen i els seus entorns.

Si haguéssim de definir quin és l'objectiu bàsic de l'adolescència, no dubtaríem en afirmar, segons Erikson, que és la recerca de la identitat. Durant la infància, el propi desenvolupament cognitiu imprimeix unes limitacions al pensament, el qual està entretingut descobrint el món que l'envolta. Un món proper i supeditat als desitjos familiars. Ara, quan l'ésser humà descobreix la seva sexualitat, aquí es troba amb quelcom que el farà mirar més enllà de la família. Això implica deixar entrar la mirada dels altres vers el meu nou cos. Ara la mirada dels altres sancionarà o admirarà aquest nou cos, amb les seves imperfeccions enfrontades als ideals socials. Ningú no ens ensenya a mirar, que no és el mateix que veure. Podríem dir que sempre mirem a través dels ulls dels altres, desitgem el que a l'Altre sembla provocar-li plaer i del que jo sóc carent. Ja ho deia Plató, puc desitjar ser més alt o més baix del que sóc, però mai desitjaré tenir l'alçada que tinc.

Així doncs, si sumen un moment vital de descobriment de la capacitat de desitjar i la recerca de qui sóc, ens trobem amb un escenari ideal perquè puguin sorgir problemes per digerir el triple dol al que estem sotmesos a l'adolescència: el propi cos d'infant, la seguretat de la infància i el vincle amb els pares. Per tant m'he de fer una pregunta crucial que no té una resposta clara: Què és ser un home? Què és ser una dona?. Fins aquell moment: una dona, la mare; un home, el pare. Ara descobreixo que el món està ple d'homes i dones, i a qui m'agradaria assemblar-me de gran?. La identificació és el procés clau del creixement, sense identificació l'ésser humà no sobreviu. Així sí jo estic tan entusiasmat descobrint un món on els pares no hi són tota l'estona i això és un procés universal, que no cronològic; és fàcil adonar-se que la resta del meu grup d'iguals es fixin en mi. I la sexualitat inicial comença pel cos. Per tant, no és estrany que el nou cos comenci a ser objecte crítica. Trobem que no és perfecte, que la perfecció sempre sembla que està fora, que la posseeix un altre. En molts casos podem pensar que la resta és més feliç, té més diners o més amors que jo.

A l'altre no li puc capturar els pensaments, però sí que puc intentar-ho amb els cos, la roba i tots els ornaments que se'ns puguin imaginar. També amb la manera de parlar, de somriure, de fumar, de beure, etc. És com una cadena infinita de repeticions inconscients on tothom es fa la mateixa pregunta, però cadascú ha d'obtenir una resposta diferent i única. En aquesta recerca, la publicitat, que podríem dir que viu en una adolescència permanent, ajuda a trobar formes de sentir-se acompanyat. Si tothom és igual i fa servir els mateixos productes, ningú se n'adonarà de l'angoixa que sento en no poder respondre a la gran pregunta de qui sóc.

Per altra banda, si tanta angoixa em provoca aquesta pregunta, tinc diverses opcions. Una seria aferrar-me al cos d'infant, l'anorèxica en molts casos no suporta el cos de dona i la malaltia li proporciona un allunyament de la sexualitat que ha de conquistar: amenorrea, reducció de les corbes del cos adult, pèrdua del desig sexual. És a dir, tècnicament continua sent una nena. Una altra opció seria voler transformar el meu cos a tota costa per no semblar l'ovella negre del ramat i comparar-me constantment així amb el cos dels altres. Aquesta és una eina de socialització poc sana, però molt efectiva. D'aquesta manera aconsegueixo tenir un munt de converses amb les meves amigues o amics, mitjançant les quals fantasiejo sobre la possibilitat d'algun dia deixar de ser carent: el dia que tingui aquell cos, el dia que aconsegueixi els braços de..., quan sigui gran i tingui diners m'operaré el.... La qüestió és posar-se (silicona, roba, ornaments, tatuatges, piercings...) o treure'm ("cartutxeres", "panxeta", pèl, talles...). Per aquesta via no es dóna mai en el clau, mai s'està satisfet perquè aquesta satisfacció o perfecció no està en la realitat ni en el cos, sinó en el meu interior.

Ara imaginem que opto per una tercera via: la de simplement transitar els canvis abans mencionats. Passo una mica d'angoixa pel cos nou, miro a la resta dels meus iguals per veure si els passa el mateix, faig cas a mitges del que diuen o pensen els meus pares; m'agradaria ser més alta o més prima, però a la vegada m'interesso per una parcel·la del món (art, literatura, poesia, religió, informàtica, educació, etc.). També m'arreglo amb la fantasia de que tots els nois i noies se n'adonaran d'aquell petit canvi que he vist al mirall després d'estar-me una hora. Vaig construint un espai psíquic per la meva situació al món que m'envolta, no només desitjo ser més fort o tenir menys cul, sinó que també em pregunto què nassos serà de la meva vida d'aquí deu anys. Trobo algun model (no relacionat amb la Cibeles o la Gaudí) que em fa pensar i qüestionar-me a mi mateix. No tinc pressa per créixer, ni tampoc vull quedar-me per sempre a la comoditat i conformitat familiar. En resum, m'intento escapar de la definició de jo sóc anorèxica. Definir-se des d'una malaltia sempre és més fàcil que des del meu desig.

Tots estem immersos en una societat on tot es queda antiquat en poc temps, tot ésser humà té la motivació de novetat, és a dir, li encanten les coses noves. Cada cinc anys em canvio de cotxe, cada mes em compro roba, fa ja sis mesos que porto el mateix mòbil...ara què faig si em canso del meu cos?. Aquí ja no és tan fàcil. Algun filòsof va dir que només hem de valorar el que ningú ens pot robar. Si idealitzo el meu pis o la meva parella, això en qualsevol moment pot canviar de mans, però si construeixo unes idees sòlides i crítiques basades en la meva formació personal. Això, companys, ningú m'ho pot treure.

Potser algun lector se li passa pel cap la pregunta de bé, i qui ha de ser responsable de la formació de la persona?. Sempre he pensat que l'educació és una patata calenta que passa de mà en mà. La família la delega a l'escola, l'escola a la família, aquests es mostren esperançadors en l'espai de lleure i tots culpabilitzen a l'Estat. Bé, l'educació i la formació del subjecte és una patata calenta a compartir entre tots els contexts. Cadascú s'ha de fer responsable de la seva part perquè tots els espais comparteixen quelcom sense ser-ne conscients: són espais d'identificació de l'infant o jove. Al nen petit, el món l'arriba a través dels adults que l'envolten, entre tots hem d'esculpir en l'infant i el jove un esperit crític que li permeti escollir entre diferents ideologies, ja que com a humans no podem ser lliures, però sí escollir a què ens encadenem. Ens podem encadenar al nostre cos i produir la malaltia, en podem encadenar al consum i viure sempre insatisfets perquè no ho podem tenir tot, ens podem encadenar a alguna religió que doni sentit a la nostra vida i limiti la nostra existència, també podem escollir encadenar-nos a algun camp del saber i aquí presentar-nos com aquells filòsofs infantils. Infantils perquè es sorprenien com els nens i infantils perquè eren de la infància de la filosofia, els presocràtrics: aquells que no deixaven de sorprendre's amb la natura que els envoltava.




Article publicat a revista RELATS nº 8

Barcelona, 24 d’octubre de 2006